El examen MIR constituye una prueba de selección en la que
varias personas concurren o compiten por ocupar un número determinado, y con
ello una plaza de especialidad. Si bien es cierto que son muchísimos los
factores externos que pueden hacer variar nuestro resultado, se trata de una
prueba modelo para el resto de países de la unión europea por su carácter
objetivo.
La dificultad es uno de los factores externos que hacen
variar los resultados de la prueba, y probablemente, de entre todos se trate del
más importante. ¿Qué es lo más conveniente, un examen fácil o un examen
difícil?
Durante los años de carrera y en el propio estudio MIR, es
frecuente escuchar que un examen MIR fácil perjudica a las personas que más
estudian, porque todo el mundo responde correctamente la mayoría de las
preguntas, mientras que en el examen difícil se refleja de forma más explícita
la cantidad de horas que hemos estudiado.
Es justo al revés. Cuanto más fácil es un examen MIR, mayor
ventaja sacan las personas que más han estudiado. Veamos el porqué, a través de
dos estudiantes tipo:
- “A” es una persona que apenas ha estudiado su preparación.
- “B” es una persona que ha dedicado muchísimo tiempo al estudio y habitualmente maneja un percentil mayor de 70p.
En un primer escenario, realizan un examen MIR muy fácil. “A”,
que apenas ha estudiado, ha podido contestar casi todas las preguntas de forma
correcta, el 80%, mientras que “B”, que ha estudiado de forma más eficiente, ha
respondido de forma acertada al 93% de las preguntas. En este escenario, “B”
tendrá una mayor puntuación y con ello mejor número, las preguntas han sido
respondidas en base al aprendizaje.
En un segundo escenario, realizan un examen MIR muy difícil.
En este examen, existen preguntas tan complejas que prácticamente se responden
al azar. En las preguntas fáciles, “B” saca ventaja al haber estudiado más, y
poder responder bien mayor cantidad de las mismas. En las preguntas muy
difíciles, tanto “A” como “B” responden al azar, con un 25% de responder de
forma correcta. Es decir, a pesar del mayor estudio, al tratarse de preguntas
tan complejas, su tasa de aciertos se asemeja y no queda bien reflejado quién
ha estudiado más.
Por tanto, un examen MIR de elevada dificultad introduce preguntas
con muy mala discriminación entre sus opositores, con tendencia a homogenizar
resultados. Estrictamente, el examen perfecto es aquel compuesto por preguntas
de dificultad baja y especialmente intermedia, en las que se permita volcar el
estudio de forma clara y fideligna.

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